Hace dos años me llamaron para dirigir un grupo de teatro en un Colegio Mayor. Cuando me preguntaron por teléfono si tenía alguna propuesta, miré a mi alrededor y ví sobre mi mesa la caja que contenía el DVD de The Rocky Horror Picture Show, lo había comprado por recomendación de un amigo para el cumpleaños de otro. (Gorka, Álvaro, sois la simiente de este proyecto). Así que con toda mi inconsciencia dije: sí claro, podemos hacer el Rocky. Muchos meses, idas y venidas después el proyecto resultó seleccionado y yo ni me acordaba de qué era "eso de los travestis". Así que me puse a investigar (vírgen perdido) y a descubrir todo lo que hay detrás de TRHPS.
Algunos me ayudaron en el camino. Gracias al club de Fans de Rocky en España descubrí que existía una traducción no estrenada en castellano. Chalo Ynclán la había escrito hacía años y le apetecía sacarla a la luz. Por eso nuestro Rocky es "EL ROCKY", habla en castellano (bueno, casi siempre) y por eso no lleva la palabra Picture. Lo que nosotros hacemos es teatro musical.
Después necesité perder mi virginidad rockiniana y ahí estaba la Compañía Dramakuin dando guerra desde la sala Y'asta cada viernes y dispuestos a quedarse. Miguel Ángel Parra también contribuyó lo suyo con su libro "TRHPS. 25 años de culto" y atendiéndome a teléfono y mail siempre que tenía alguna duda (teniendo en cuenta que vive en Barna y no nos conocemos -aún- en persona, es increíble). Poco a poco fui descubriendo y tratando de enseñar a los actores la dimensión de un proyecto así. El Rocky no es un montaje más, formar parte de su historia supone toda una filosofía de vida, quienes han estado en proyecciones a lo largo del mundo lo saben.
Nuestro montaje tiene una parte de culto y otra de herejía absoluta. Hemos introducido la participación del público, que es lo que hace Rocky al Rocky, y nos hemos saltado por el arco de triunfo algunas cosas supuestas. Nuestra máxima en todo momento ha sido materializar nuestros sueños sensuales y dejar de soñarlo para vivirlo.
El teatro tiene de mágico el contacto directo y real de artista y espectador, por eso crear un espectáculo en el que el público participa activamente cantando, bailando, gritando, etc. es teatro puro.
Desde que Mayra Gómez Kemp hizo su Magenta en la sala de fiestas Cerebro Music Hall en Madrid (1974) no se había vuelto a estrenar una nueva versión en castellano de este musical. Ahora ha llegado el momento en que, por fin, todos vean lo que nosotros hemos hecho. Que Frank nos pillé confesados.
Aarón Navia, el director de todo esto.